viernes, 13 de octubre de 2017

Las personas que no desayunan acumulan más grasa en las arterias

Os paso un articulo aparecido en el diario EL PAIS de hace unos días y que trata de un problema que muchas personas padecen y no son conscientes de ello. Si tienes la costumbre de no desayunar mas que un café por la mañana, échale un vistazo, quizás te sorprenda.

Desayunar solo un café, o menos del 5% de las calorías diarias (100 en una dieta de 2.000 calorías recomendadas) puede aumentar el riesgo de sufrir aterosclerosis, la acumulación de grasa en el interior de las arterias. Así lo afirma un estudio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) realizado en colaboración con el Banco Santander. La aterosclerosis, incluso cuando es subclínica —es decir, sin síntomas— puede ser causa de un infarto cerebral o cardíaco.


Los investigadores utilizaron una nueva tecnología de ultrasonido que produce ecografías muy precisas en 3D para medir la acumulación de grasa en las arterias de 4.000 personas sin aparentes problemas cardiovasculares. Los voluntarios, todos empleados del Banco Santander entre los 40 y 54 años de edad, también respondieron a un cuestionario detallado sobre su dieta durante los 15 días previos al estudio.

Basándose en estos datos, publicados en la revista del Colegio Americano de Cardiología (JACC), los investigadores determinaron que sólo un quinto de los participantes tomaba un desayuno copioso (más del 20% de las calorías diarias), mientras que el 3% no desayunaba o lo hacía mal, consumiendo menos del 5% de las calorías diarias. En el primer grupo, mostraron algún tipo de aterosclerosis subclínica unas 57 personas de cada 100, pero los casos aumentaron a casi 75 personas por cada 100 en el segundo grupo.

“Este estudio le da un barniz científico a nuestro dicho popular”, dice el cardiólogo Isidro Vila Costa, que no participó en la investigación: “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”.


Los resultados son independientes de otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, diabetes o hipertensión. Además, centrándose en la aterosclerosis subclínica generalizada —aquella que afecta al menos a cuatro de las seis arterias principales del cuerpo, y por tanto es más seria— la incidencia casi se triplica en las personas que salen de casa sin comer, comparada con la de aquellas que desayunan fuerte: pasa de un 10% de los casos a un 29%.

Un buen desayuno pone en marcha el reloj biológico del cuerpo encargado de regular el hambre durante el resto del día. Al menos esta es la hipótesis que ahora barajan los autores del estudio. “Si uno no toma el desayuno, el reloj entra en un caos”, dice Valentín Fuster, principal autor del estudio, que también es director del CNIC y editor de JACC. “Comes más tarde e ingieres más calorías de las que deberías.” Esto podría explicar por qué también había más personas obesas o con colesterol elevado en el grupo que no desayunaba.

Antonio Bayés de Luna, un médico e investigador del Instituto Catalán de Ciencias Cardiovasculares (CSIC-ICCC) ajeno a este estudio, está de acuerdo con la explicación. “El reloj biológico es una realidad”, dice, señalando que esta semana sus descubridores se han llevado un Premio Nobel. Por eso él recomienda a sus pacientes desayunar bien y, además, con calma. “Hay que sentarse y tomarse entre 15 y 20 minutos”, dice.

El cardiólogo Antonio Bayés de Luna recomienda "sentarse y tomarse entre 15 y 20 minutos"


No obstante, el estudio del CNIC no establece si el desayuno repercute directamente en la obstrucción de las arterias. Puede ser que la costumbre de no desayunar venga ligada a un estilo de vida poco saludable, y por eso se observa la curiosa asociación entre el consumo calórico por las mañanas y la salud cardiovascular. En este caso, el no desayunar podría servir como un indicador para identificar a aquellas personas que necesitan hacer cambios más considerables en su estilo de vida, dice Vila Costa. El grupo de participantes que se saltaba el desayuno incluía, proporcionalmente, más fumadores y consumidores asiduos de alcohol y de carnes rojas o procesadas.


Aunque los resultados del estudio indican que quizá sea más importante cuándo comemos que lo que comemos, no basta con empezar a desayunar mucho para proteger las arterias, según Fuster. Los investigadores recomiendan un desayuno energético, pero también sano, que podría incluir un café con leche, una pieza de fruta o vaso de zumo, frutos secos y un par de tostadas con tomate y aceite de oliva. "Lo importante es la actitud de la persona, cuidarse o no cuidarse”, dice Fuster. Y añade que para cuidarse hay que evitar todos los demás factores de riesgo cardiovascular, como la inactividad, el tabaco o una dieta alta en grasas y azúcares.

Ya sabes, hay que desayunar sano y abundante para evitar pegarnos después el atracón porque nos morimos de hambre.  De ti depende.

Saludos.

Luis Perona.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Alimentación y cáncer: comemos demasiada carne

Os dejo una entrevista al oncólogo (especialista en cancer) y profesor Henri Yoyeux que apareció en el diario EL PAIS hace unas semanas.

El oncólogo y profesor Henri Yoyeux, firme defensor de que la comida es la mejor medicina, publica en España la 'Biblia de la alimentación sana' Masticar 25 veces, tomar miel, comer una manzana para empezar el día o evitar la leche de vaca son algunas de sus recomendaciones

Comer es un acto instintivo, pero cada vez hay más evidencias de que no lo estamos haciendo bien. Ocurre, además, que los mensajes sobre lo que resulta bueno o malo para el organismo se multiplican y uno ya no sabe de qué alimentarse ni a qué fuentes acudir. Conforme más se lee, existe una mayor confusión.

Un ejemplo: en 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) causó una gran alerta mundial al anunciar que la carne procesada puede causar cáncer. Visto el revuelo, el organismo internacional tuvo que explicar que no había que dejar de tomarla, aunque sí reducir su ingesta en la medida de lo posible. Una de las eminencias en este asunto, el oncólogo y profesor Henri Joyeux, sostiene que debemos retirar o aminorar lo antes posible en nuestra dieta "los alimentos grasos, sobre todo las carnes y los productos de charcutería, acompañados de las salsas".


Desaconseja la carne, especialmente la roja, más de dos veces a la semana. Así lo manifiesta en el bestseller internacional Come bien hoy, vive mejor mañana (Ed. Planeta), que se publica en España el próximo 5 de septiembre.

Bautizada como "la Biblia de la alimentación saludable", esta obra que enseña a comer de forma nutritiva para alejarnos de las enfermedades ha vendido medio millón de ejemplares en Francia, país de origen del reputado doctor. La tesis es que el consumo de ciertos alimentos está relacionado con el cáncer, la diabetes, la obesidad y otras dolencias, y que debemos desterrar del menú ciertos ingredientes para gozar de una buena salud:

"Incluso personas sanas se plantean preguntas sobre sus hábitos alimentarios. Se están abriendo paso grandes cambios. La alimentación se va a convertir en la primera medicina".

Productos ecológicos ¿Con qué bebida acompaño las comidas? ¿Son tan recomendables los productos ecológicos? ¿Cómo conservo los alimentos y los preparo para aprovechar sus propiedades? Son algunas de las respuestas que ofrece este libro. A saber:

 "Una breve cocción al vapor, que no supere los 95 grados, además de conservar vitaminas y fitohormonas, convierte en bio los alimentos, pues deja en el agua metales pesados, pesticidas y otras sustancias tóxicas". Si vas a comer carne, el oncólogo apuesta por la procedente de seres alados, en lugar de cuadrúpedos.

Además, aconseja masticar bien para prevenir el alzhéimer -un mínimo de 25 veces-. "El primer signo de su aparición es la pérdida del sentido del gusto, por lo que es importante estimular siempre las papilas gustativas". Respecto a la polémica con los productos lácteos, el doctor sentencia: "Que sean de oveja o de cabra, y no de vaca, y preferiblemente sólo dos o tres veces al día".


Sí ensalza en cambio la miel y todos los productos procedentes de la abeja. Para Joyeux, los medicamentos son muy eficaces para alcanzar los objetivos que persiguen, sin embargo, también provocan efectos adversos que no tienen estos comportamientos de prevención: las pequeñas decisiones en el día a día de nuestros hábitos fáciles de comprender y muy eficaces para mantenernos saludables.

Pero no están presentes en el discurso de cadenas de televisión, ni siquiera las públicas, "porque no aportan nada desde el punto de vista del lucro", sentencia el autor.

Empezar el día con una manzana. El médico digestivo describe las dietas que funcionan y las que deberíamos evitar porque ponen en riesgo la salud con el fin de perder peso. Aconseja que la proporción de productos vegetales respecto a cárnicos debe ser de 80/20, una manzanilla antes de dormir y una manzana como costumbre para empezar el día. Tres tazas de tisanas al día (tomillo, romero o té verde) son fuente de buena salud. De la mala, en cambio, el pan blanco y el calcio en exceso: "Aumenta el riesgo de sufrir párkinson".


 Y no restringe del todo el alcohol, aunque nada de atiborrarse el sábado o el domingo. Se trata de ir consumiendo una botella de vino de 75 ml a lo largo de la semana, al estilo francés: "Facilita la digestión, ya que permite que la musculatura lisa de la parte superior del tubo digestivo se contraiga, que el píloro se abra y que el duodeno y el intestino delgado alto se contraigan. Y evita las infecciones del aparato urinario, la nefritis y la cistitis".

A la hora de cocinar, el médico apuesta por las barbacoas verticales: "Cuando el fuego se coloca horizontalmente bajo el alimento se producen alimentos cancerígenos como los benzopirenos". Para evitar la enfermedad, el oncólogo apuesta por ingerir 500 gramos de fruta y verdura al día: "Se reduce en un 50% la probabilidad de padecer cáncer de colon y del tubo digestivo". Su favorita es la granada, que actúa contra el colesterol. Y destaca los beneficios del ajo y del romero, inhibidores del proceso de formación de los tumores.

Respecto a una dieta sin gluten -cada vez hay más personas no celíacas que se suman al movimiento gluten free como estilo de vida-, el autor afirma que la alergia o intolerancia es causa de porosidad intestinal, es decir, intestino permeable. "Se produce una absorción intestinal deficiente, que desemboca en diarrea, fatiga, dolores de abdomen, pérdida de peso, anemia...". Chocolate, cerveza, alcohol a base de cereales como el vodka, productos de charcutería, sopas precocinadas, aderezos para ensaladas... Joyeux advierte de que un artículo incluya en su etiqueta la fórmula 'sin trigo' no supone necesariamente que no lleve gluten, "por lo que debemos tener cuidado y no caer en las trampas del sector alimentario". Las mentiras de la industria

También declara la guerra a los alimentos funcionales con eslóganes nutricionales a menudo exagerados o, incluso, falsos: "Es el caso de los yogures que aseguran reducir el colesterol gracias a la adición de Fito esteroles, o de las margarinas o mantequillas modificadas. No son más que paparruchas".


En cuanto a la obesidad, uno de los grandes males del siglo XXI, echarle toda la culpa a la genética o a un factor infeccioso es científicamente falso según el profesor, pero continúa siendo el argumento que esgrimen algunas escuelas de medicina que cierran los ojos a los hábitos alimentarios. "A menos que lo que ocurra en realidad sea que reciben financiación de grupos de presión muy poderosos".


Creo que son recomendaciones sencillas y prácticas, ya sabes puedes pagar antes o después, lo que no pagues en prevención, lo pagarás en enfermedad y tratamientos médicos.

Yo elijo pagar antes.

Saludos.

Luis Perona.

miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Eres adicto al azúcar y no lo sabes?

Hace unos meses apareció este articulo en EL PAIS, muestra un problema al que no se le da importancia pero que está matando gente como el mayor de los venenos, sin darnos cuenta.

 “Hace dos años comprendí que tenía un problema, así que dejé de comer gominolas. Antes de eso las tomaba prácticamente a diario. Por mucho que comiese, si no tomaba alguna gominola, no me sentía satisfecha. Si no tenía en casa, bajaba a por ellas. No importa que me diese pereza o fuese tarde o lloviese: iba como quien tiene que bajar a por tabaco. Las necesitaba. Cambiaba mi itinerario si iba algún sitio para pasar por enfrente de una tienda de dulces; si iba al cine, la película me daba igual, sólo pensaba en las gominolas que podía comer mientras durase la sesión. No era normal”.


Paula es el nombre ficticio que esta joven de 30 años ha elegido. Prefiere no dar la cara. “Me da vergüenza. Cuando cuento esto, la gente se ríe, se lo toma a broma. Y yo soy consciente de que no es algo grave. O al menos muy grave. No me comparo ni mucho menos con alguien que tiene problemas con las drogas. Pero sí digo que es un problema y que casi nadie lo entiende”.

Para la comunidad científica española Paula tiene dependencia del azúcar, pero en ningún caso admiten hablar de adicción como sí hacen sin embargo algunos científicos estadounidenses.
Carmen Gómez Candela, jefe de la Unidad de Nutrición Clínica de Hospital La Paz de Madrid, es clara: “El término adicción, en su acepción científica, no se puede usar para la comida”. En España, los datos de consumo de azúcar son menores que en países como Estados Unidos.  Gómez Candela hace alusión a cifras como las publicadas en el Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular en España (ENRICA) realizado en el año 2011 por la Universidad Autónoma de Madrid y encargado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), desde donde confirman los datos: los españoles consumen, de media, 36,6 kilos de azúcar al año y las españolas, 30 kilos. Esto significa que el azúcar supone un 16% de la energía diaria obtenida por los hombres y un 18,8% por las mujeres. Es algo más de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que aconseja que la ingesta calórica proveniente del azúcar oscile entre el 5% y el 10%, pero menos que lo consumido por británicos y estadounidenses.


 Para Robert H. Lusting, Laura A. Schmidt y Claire D. Brindis, todos ellos investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), la conclusión es otra: Paula es una adicta. Una adicta al azúcar. Estos tres científicos publicaron en febrero de 2012 un artículo en la revista Nature en el que afirman que existe la adicción al azúcar. Y que tiene consecuencias para la salud graves, como obesidad o diabetes. El artículo tuvo repercusión científica y mediática. En Estados Unidos sacó a muchos supuestos adictos del armario. Allí se dieron a conocer como sugarcoholics, algo así como ‘azucarcólicos’. Una ciudadana de San Francisco llamada Amy llegó a crear un blog llamado Diario de una sugarcoholic en el que se confesaba: “Siempre me negué a mí misma que era una adicta. Es una palabra demasiado fuerte”, contaba Amy en su blog. “Me mentí durante muchos años, haciéndome creer que no necesitaba azúcar, que no era ningún problema. Hasta que comprendí que no podía controlarme si probaba algo dulce. Si daba un mordisco, entonces necesitaba más de una forma incontrolable”.

Gary Taubes es especialista en nutrición y autor, entre otros textos, del libro Buenas calorías, malas calorías, en el que señala el azúcar como la causa número uno de la obesidad, muy por delante de las grasas. Taubes atiende a El País para afirmar que, en su opinión, “claramente, existen personas adictas al azúcar”. Y añade: “Está claro que hay algo en el azúcar que nos hace sobre consumirla y necesitarla. No de la misma manera que un adicto al tabaco necesita cigarrillos, pero desde luego sí de una forma que va más allá de que, simplemente, nos gusta o sabe bien”.
  
Taubes opina que “en el futuro nos referiremos a la adicción al azúcar de la misma forma en la que lo hacemos con el tabaco. Nadie recomendaría a un fumador aprender a fumar moderadamente, uno o dos cigarrillos al día, porque sabemos que, para la mayoría de fumadores, esto no es posible. Enseguida necesitarían más. Pero sí lo hacemos con el azúcar”.


En España el escenario es otro. “El término adicción, en su acepción científica, no se puede usar para la comida. Ser adicto a una sustancia es no poder vivir sin ella: si falta, hay consecuencias negativas para la salud. Esto no ocurre con ningún alimento, tampoco con el azúcar”, explica Carmen Gómez Candela.

Juan Revenga, nutricionista y profesor de Ciencias de la Salud de la Universidad de San Jorge, es menos tajante. “Existen pruebas con ratones en laboratorio a los que se les ofrecía cocaína y azúcar. Al cabo de unas semanas, los ratones preferían siempre el azúcar a la cocaína. Esto es representativo, aunque el modelo experimental animal tiene muchísimas limitaciones y no se puede extrapolar a los humanos a la ligera”. Revenga opta por un término a medio camino: “Existen personas que padecen una dependencia del azúcar. La ingesta de azúcar ha sido tan elevada durante sus vidas que ahora no se sienten satisfechas si no consumen”.


El azúcar, tal y como la consumimos en la actualidad, no existe en la naturaleza. La miel podría ser lo más aproximado a un bollo industrial, una gominóla o un refresco. Pero ni siquiera. La cantidad de azúcar que se consume en la naturaleza está a años luz de la que consumimos los humanos.

Un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition en el año 2014, muestra que el consumo medio por habitante y año en el siglo XVIII en Estados Unidos y Reino Unido era de entre tres y cinco kilos de azúcar. Para lograr esta estimación, el estudio se basó en la cantidad de azúcar que se comerciaba y llegaba a estos países. El dato en el año 2014 pasa de los entre tres y cinco kilos a los 68 kilos por persona y año. Cabe imaginar 68 paquetes de azúcar apilados y pensar que eso es, de media, lo que consumen estadounidenses y británicos cada año.

Es probable, además, que la cantidad total anual sea mayor. No es fácil cuantificar el azúcar añadido a los alimentos que consumimos involuntariamente. Incluso, en ocasiones, ni siquiera somos conscientes de estar consumiendo azúcar. Por ejemplo, una cucharada de kétchup contiene cuatro gramos de azúcar, el equivalente a una cucharada pequeña.


Un consumo excesivo de azúcar puede derivar en enfermedades no transmisibles como la obesidad y la diabetes. Y éstas están aumentando de forma alarmante. Según la Federación Internacional de Diabetes (IDF) entre 2011 y 2013 aumentó en España un 33,4% el número de casos de esta enfermedad. La prevalencia actual de diabetes en nuestro país es del 13,8%. En cuanto a la obesidad, España no deja de engordar: el 17% de la población española sufre obesidad y el 53,7% tiene sobrepeso, según datos de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad Mórbida y de las Enfermedades Metabólicas (SECO).

Por datos como estos, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha lanzado la campaña 'Menos azúcar, más sano', con la que pretenden reducir la presencia de azúcar en la dieta de lo españoles. 

Pese a todo, Carmen Gómez Candela rompe una lanza en favor del azúcar: “No hay que caer en su demonización. El azúcar debe estar presente en la dieta. Una alimentación no es más sana por carecer de azúcar. Existe una corriente de desprecio al azúcar que es peligrosa. Dicho esto, lo que no hay que hacer es abusar. Pero esto es aplicable a todo: el azúcar en exceso, como cualquier otro alimento, es perjudicial”.

El exceso suele llegar porque, al ser escaso en la naturaleza, nuestro cerebro está programado para recompensarnos cada vez que conseguimos azúcar. Por eso es tan satisfactorio comer un pastel, un bollo o cualquier otro dulce: nuestro organismo libera sustancias como la dopamina cada vez que la ingerimos lo que nos hace sentir bienestar. Y queremos repetir. El problema -uno de ellos- es repetir en exceso: la acumulación de azúcar es una de las principales causas de la obesidad.


 Paula, la chica que afirma ser adicta al azúcar, explica que hace dos años decidió dejar de consumir azúcar en la medida de lo posible. “No era normal necesitar gominolas a diario. Además, me estaba haciendo daño al estómago y al intestino. Así que decidí cortar por lo sano y dejar de tomarlas”.

Para Paula se abrió entonces una suerte de síndrome de abstinencia. “Dos años después, cada comida, me sigo acordando de las gominólas. Pienso en ellas cada vez que termino de comer. Si, por ejemplo, estoy en una comida y ponen en la mesa dulces, yo ya no puedo pensar en otra cosa. Veo a la gente tranquila, charlando y yo lo único que quiero es coger todos los dulces y comérmelos”. A Paula le entra la risa al escucharse. “Sé que puede sonar ridículo, pero es lo que me ocurre. Si soy adicta o no, que lo discutan los científicos. Lo que tengo seguro es que yo padezco un problema”.

El precio del azúcar ha bajado casi un 50% en los últimos tres años, según la International Sugar Organization (ISO). Las plantaciones de caña de azúcar de Tailandia, India o Brasil no dejan de crecer y, en consecuencia, las exportaciones. Las principales empresas alimentarias no dejan de demandar azúcar y se ha generado un enorme stock. Hay una omnipresencia del dulce. Sólo en los estados del sur de Brasil se procesan 585 millones de toneladas de caña de azúcar cada año. El mundo está empachado de azúcar.

La pregunta es: ¿existe un interés premeditado de la industria alimentaria de que sus productos contengan azúcar en exceso? La respuesta de Juan Revenga es meridiana: “Sí”. Y añade: “No es una ‘conspiranoia’, es una realidad. El primer motor que mueve a las empresas alimentarias es el sabor, que a los consumidores les guste y quieran repetir, por encima de la salud y la necesidad. Y eso lo consiguen con el azúcar”.

Desde la Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra), responde su director general, Josep Puxeu: “La industria alimentaria sigue el reglamento europeo para el etiquetado, que tiene ser claro en cuanto a la carga calórica del producto. ¿Podría ser éste más claro? Probablemente. Nosotros estamos dispuestos a acatar lo que nos diga el reglamento: si hay que expresarlo en terrones de azúcar, así lo haremos”.

El libro Sal, azúcar, grasa. Cómo los gigantes de la alimentación nos engancharon, llevó a su autor, el periodista Michael Moss, a ganar el premio Pulitzer. La obra se basa en entrevistas a directivos de empresas alimentarias y en ellas se muestra, claramente y de boca de la propia industria, que existe un interés premeditado por fabricar muchos alimentos con un exceso de azúcar. La idea es que el consumidor necesite cada vez más cantidad de azúcar y, por tanto, quiera seguir comprando el producto en mayor cantidad.

“Lo que tampoco podemos hacer es tomar por tonto al consumidor”, retoma Josep Puxeu. “En los países occidentales sale agua del grifo, se puede beber agua sin problema. Quien elige forrarse a refrescos es su elección. Nadie le obliga. La industria no tiene ningún interés en que los consumidores tengan problemas problema de salud. Al revés”.

“El problema no es sólo intentar hacernos adictos -explica el escritor Gary Taubes-, el azúcar también sirve para que los alimentos se conserven mejor y tengan un gusto más apetitoso. La industria ya no sabe hacer alimentos de otra forma, de manera que nuestro gusto se ha acostumbrado a alimentos extremadamente dulces”.


En el año 2013, la directora general de la OMS, Margaret Chan, dio un discurso en Helsinki, en el marco de la 8ª Conferencia Mundial de Promoción de la Salud, en el que dijo frases que removieron la industria alimentaria. “El esfuerzo público por prevenir enfermedades no transmisibles -dijo entonces Chan- se enfrenta a intereses comerciales de poderosos agentes económicos”.

A continuación, añadió: “El pasado reciente aporta pruebas para documentar tácticas por parte de la industria alimentaria. Entre ellas, la creación de empresas dentro del mismo grupo con cara amable, la creación de lobbys y la financiación de estudios de investigación. Son pocos los gobiernos que han priorizado las cuestiones de salud frente a los grandes negocios (…) Hay una tendencia a que la industria y las administraciones lleguen a acuerdos para promover la salud”.

Un estudio publicado hace días en la American Journal of Preventive Medicine revela que dos de los principales fabricantes de bebidas azucaradas a nivel mundial, Coca-Cola y PepsiCo, financiaron en Estados Unidos a 96 organizaciones que tienen un importante papel en la promoción de hábitos saludables y la lucha contra la obesidad o la diabetes, enfermedades potenciadas por el alto consumo de azúcares. El objetivo era limitar las críticas científicas a los refrescos y restar apoyos a las leyes que limitan su consumo, según el estudio.

En diciembre de 2015 la organización estadounidense sin ánimo de lucro Global Energy Balance Network fue disuelta tras conocerse que estaba financiada por la compañía Coca-Cola. El escándalo llegó a un editorial del diario The New York Times en el que titulaban: "Coca-Cola financia a científicos para que dejen de echar la culpa de la obesidad a las dietas inadecuadas".

En España encontramos también alianzas entre compañías alimentarias instituciones. El plan Havisa (hábitos de vida saludables) es una iniciativa que lleva a cabo el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y que trata de promover una vida sana. Uno de los firmantes de esta campaña gubernamental es la Fundación Alimentum. No es necesario escarbar demasiado para descubrir que esta fundación está compuesta, entre otras, por compañías como Coca-Cola, Pepsi, Grefusa o Hero. “Coca-Cola diciéndonos cuáles son los hábitos de vida saludables que debemos seguir”, se queja Juan Revenga. “Es poner al lobo al cuidado de las ovejas”.


De nuevo, desde la industria, responden: “La relación entre la Administración y las empresas es de cajón. Si quieres hacer una campaña de concienciación necesitas el apoyo de las empresas. Eso no significa, ni mucho menos, que las empresas tutelen estos programas”, explica Puxeu.

Ahora te toca a ti sacar las conclusiones, yo desde luego no tomo azúcar ni refrescos ni productos procesados que lo llevan oculto, solo tienes que mirar las etiquetas y ver si indican jarabe de fructosa o de maíz, ese es el azúcar.

Saludos.


Luis Perona.