miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Eres adicto al azúcar y no lo sabes?

Hace unos meses apareció este articulo en EL PAIS, muestra un problema al que no se le da importancia pero que está matando gente como el mayor de los venenos, sin darnos cuenta.

 “Hace dos años comprendí que tenía un problema, así que dejé de comer gominolas. Antes de eso las tomaba prácticamente a diario. Por mucho que comiese, si no tomaba alguna gominola, no me sentía satisfecha. Si no tenía en casa, bajaba a por ellas. No importa que me diese pereza o fuese tarde o lloviese: iba como quien tiene que bajar a por tabaco. Las necesitaba. Cambiaba mi itinerario si iba algún sitio para pasar por enfrente de una tienda de dulces; si iba al cine, la película me daba igual, sólo pensaba en las gominolas que podía comer mientras durase la sesión. No era normal”.


Paula es el nombre ficticio que esta joven de 30 años ha elegido. Prefiere no dar la cara. “Me da vergüenza. Cuando cuento esto, la gente se ríe, se lo toma a broma. Y yo soy consciente de que no es algo grave. O al menos muy grave. No me comparo ni mucho menos con alguien que tiene problemas con las drogas. Pero sí digo que es un problema y que casi nadie lo entiende”.

Para la comunidad científica española Paula tiene dependencia del azúcar, pero en ningún caso admiten hablar de adicción como sí hacen sin embargo algunos científicos estadounidenses.
Carmen Gómez Candela, jefe de la Unidad de Nutrición Clínica de Hospital La Paz de Madrid, es clara: “El término adicción, en su acepción científica, no se puede usar para la comida”. En España, los datos de consumo de azúcar son menores que en países como Estados Unidos.  Gómez Candela hace alusión a cifras como las publicadas en el Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular en España (ENRICA) realizado en el año 2011 por la Universidad Autónoma de Madrid y encargado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), desde donde confirman los datos: los españoles consumen, de media, 36,6 kilos de azúcar al año y las españolas, 30 kilos. Esto significa que el azúcar supone un 16% de la energía diaria obtenida por los hombres y un 18,8% por las mujeres. Es algo más de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que aconseja que la ingesta calórica proveniente del azúcar oscile entre el 5% y el 10%, pero menos que lo consumido por británicos y estadounidenses.


 Para Robert H. Lusting, Laura A. Schmidt y Claire D. Brindis, todos ellos investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), la conclusión es otra: Paula es una adicta. Una adicta al azúcar. Estos tres científicos publicaron en febrero de 2012 un artículo en la revista Nature en el que afirman que existe la adicción al azúcar. Y que tiene consecuencias para la salud graves, como obesidad o diabetes. El artículo tuvo repercusión científica y mediática. En Estados Unidos sacó a muchos supuestos adictos del armario. Allí se dieron a conocer como sugarcoholics, algo así como ‘azucarcólicos’. Una ciudadana de San Francisco llamada Amy llegó a crear un blog llamado Diario de una sugarcoholic en el que se confesaba: “Siempre me negué a mí misma que era una adicta. Es una palabra demasiado fuerte”, contaba Amy en su blog. “Me mentí durante muchos años, haciéndome creer que no necesitaba azúcar, que no era ningún problema. Hasta que comprendí que no podía controlarme si probaba algo dulce. Si daba un mordisco, entonces necesitaba más de una forma incontrolable”.

Gary Taubes es especialista en nutrición y autor, entre otros textos, del libro Buenas calorías, malas calorías, en el que señala el azúcar como la causa número uno de la obesidad, muy por delante de las grasas. Taubes atiende a El País para afirmar que, en su opinión, “claramente, existen personas adictas al azúcar”. Y añade: “Está claro que hay algo en el azúcar que nos hace sobre consumirla y necesitarla. No de la misma manera que un adicto al tabaco necesita cigarrillos, pero desde luego sí de una forma que va más allá de que, simplemente, nos gusta o sabe bien”.
  
Taubes opina que “en el futuro nos referiremos a la adicción al azúcar de la misma forma en la que lo hacemos con el tabaco. Nadie recomendaría a un fumador aprender a fumar moderadamente, uno o dos cigarrillos al día, porque sabemos que, para la mayoría de fumadores, esto no es posible. Enseguida necesitarían más. Pero sí lo hacemos con el azúcar”.


En España el escenario es otro. “El término adicción, en su acepción científica, no se puede usar para la comida. Ser adicto a una sustancia es no poder vivir sin ella: si falta, hay consecuencias negativas para la salud. Esto no ocurre con ningún alimento, tampoco con el azúcar”, explica Carmen Gómez Candela.

Juan Revenga, nutricionista y profesor de Ciencias de la Salud de la Universidad de San Jorge, es menos tajante. “Existen pruebas con ratones en laboratorio a los que se les ofrecía cocaína y azúcar. Al cabo de unas semanas, los ratones preferían siempre el azúcar a la cocaína. Esto es representativo, aunque el modelo experimental animal tiene muchísimas limitaciones y no se puede extrapolar a los humanos a la ligera”. Revenga opta por un término a medio camino: “Existen personas que padecen una dependencia del azúcar. La ingesta de azúcar ha sido tan elevada durante sus vidas que ahora no se sienten satisfechas si no consumen”.


El azúcar, tal y como la consumimos en la actualidad, no existe en la naturaleza. La miel podría ser lo más aproximado a un bollo industrial, una gominóla o un refresco. Pero ni siquiera. La cantidad de azúcar que se consume en la naturaleza está a años luz de la que consumimos los humanos.

Un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition en el año 2014, muestra que el consumo medio por habitante y año en el siglo XVIII en Estados Unidos y Reino Unido era de entre tres y cinco kilos de azúcar. Para lograr esta estimación, el estudio se basó en la cantidad de azúcar que se comerciaba y llegaba a estos países. El dato en el año 2014 pasa de los entre tres y cinco kilos a los 68 kilos por persona y año. Cabe imaginar 68 paquetes de azúcar apilados y pensar que eso es, de media, lo que consumen estadounidenses y británicos cada año.

Es probable, además, que la cantidad total anual sea mayor. No es fácil cuantificar el azúcar añadido a los alimentos que consumimos involuntariamente. Incluso, en ocasiones, ni siquiera somos conscientes de estar consumiendo azúcar. Por ejemplo, una cucharada de kétchup contiene cuatro gramos de azúcar, el equivalente a una cucharada pequeña.


Un consumo excesivo de azúcar puede derivar en enfermedades no transmisibles como la obesidad y la diabetes. Y éstas están aumentando de forma alarmante. Según la Federación Internacional de Diabetes (IDF) entre 2011 y 2013 aumentó en España un 33,4% el número de casos de esta enfermedad. La prevalencia actual de diabetes en nuestro país es del 13,8%. En cuanto a la obesidad, España no deja de engordar: el 17% de la población española sufre obesidad y el 53,7% tiene sobrepeso, según datos de la Sociedad Española de Cirugía de la Obesidad Mórbida y de las Enfermedades Metabólicas (SECO).

Por datos como estos, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha lanzado la campaña 'Menos azúcar, más sano', con la que pretenden reducir la presencia de azúcar en la dieta de lo españoles. 

Pese a todo, Carmen Gómez Candela rompe una lanza en favor del azúcar: “No hay que caer en su demonización. El azúcar debe estar presente en la dieta. Una alimentación no es más sana por carecer de azúcar. Existe una corriente de desprecio al azúcar que es peligrosa. Dicho esto, lo que no hay que hacer es abusar. Pero esto es aplicable a todo: el azúcar en exceso, como cualquier otro alimento, es perjudicial”.

El exceso suele llegar porque, al ser escaso en la naturaleza, nuestro cerebro está programado para recompensarnos cada vez que conseguimos azúcar. Por eso es tan satisfactorio comer un pastel, un bollo o cualquier otro dulce: nuestro organismo libera sustancias como la dopamina cada vez que la ingerimos lo que nos hace sentir bienestar. Y queremos repetir. El problema -uno de ellos- es repetir en exceso: la acumulación de azúcar es una de las principales causas de la obesidad.


 Paula, la chica que afirma ser adicta al azúcar, explica que hace dos años decidió dejar de consumir azúcar en la medida de lo posible. “No era normal necesitar gominolas a diario. Además, me estaba haciendo daño al estómago y al intestino. Así que decidí cortar por lo sano y dejar de tomarlas”.

Para Paula se abrió entonces una suerte de síndrome de abstinencia. “Dos años después, cada comida, me sigo acordando de las gominólas. Pienso en ellas cada vez que termino de comer. Si, por ejemplo, estoy en una comida y ponen en la mesa dulces, yo ya no puedo pensar en otra cosa. Veo a la gente tranquila, charlando y yo lo único que quiero es coger todos los dulces y comérmelos”. A Paula le entra la risa al escucharse. “Sé que puede sonar ridículo, pero es lo que me ocurre. Si soy adicta o no, que lo discutan los científicos. Lo que tengo seguro es que yo padezco un problema”.

El precio del azúcar ha bajado casi un 50% en los últimos tres años, según la International Sugar Organization (ISO). Las plantaciones de caña de azúcar de Tailandia, India o Brasil no dejan de crecer y, en consecuencia, las exportaciones. Las principales empresas alimentarias no dejan de demandar azúcar y se ha generado un enorme stock. Hay una omnipresencia del dulce. Sólo en los estados del sur de Brasil se procesan 585 millones de toneladas de caña de azúcar cada año. El mundo está empachado de azúcar.

La pregunta es: ¿existe un interés premeditado de la industria alimentaria de que sus productos contengan azúcar en exceso? La respuesta de Juan Revenga es meridiana: “Sí”. Y añade: “No es una ‘conspiranoia’, es una realidad. El primer motor que mueve a las empresas alimentarias es el sabor, que a los consumidores les guste y quieran repetir, por encima de la salud y la necesidad. Y eso lo consiguen con el azúcar”.

Desde la Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra), responde su director general, Josep Puxeu: “La industria alimentaria sigue el reglamento europeo para el etiquetado, que tiene ser claro en cuanto a la carga calórica del producto. ¿Podría ser éste más claro? Probablemente. Nosotros estamos dispuestos a acatar lo que nos diga el reglamento: si hay que expresarlo en terrones de azúcar, así lo haremos”.

El libro Sal, azúcar, grasa. Cómo los gigantes de la alimentación nos engancharon, llevó a su autor, el periodista Michael Moss, a ganar el premio Pulitzer. La obra se basa en entrevistas a directivos de empresas alimentarias y en ellas se muestra, claramente y de boca de la propia industria, que existe un interés premeditado por fabricar muchos alimentos con un exceso de azúcar. La idea es que el consumidor necesite cada vez más cantidad de azúcar y, por tanto, quiera seguir comprando el producto en mayor cantidad.

“Lo que tampoco podemos hacer es tomar por tonto al consumidor”, retoma Josep Puxeu. “En los países occidentales sale agua del grifo, se puede beber agua sin problema. Quien elige forrarse a refrescos es su elección. Nadie le obliga. La industria no tiene ningún interés en que los consumidores tengan problemas problema de salud. Al revés”.

“El problema no es sólo intentar hacernos adictos -explica el escritor Gary Taubes-, el azúcar también sirve para que los alimentos se conserven mejor y tengan un gusto más apetitoso. La industria ya no sabe hacer alimentos de otra forma, de manera que nuestro gusto se ha acostumbrado a alimentos extremadamente dulces”.


En el año 2013, la directora general de la OMS, Margaret Chan, dio un discurso en Helsinki, en el marco de la 8ª Conferencia Mundial de Promoción de la Salud, en el que dijo frases que removieron la industria alimentaria. “El esfuerzo público por prevenir enfermedades no transmisibles -dijo entonces Chan- se enfrenta a intereses comerciales de poderosos agentes económicos”.

A continuación, añadió: “El pasado reciente aporta pruebas para documentar tácticas por parte de la industria alimentaria. Entre ellas, la creación de empresas dentro del mismo grupo con cara amable, la creación de lobbys y la financiación de estudios de investigación. Son pocos los gobiernos que han priorizado las cuestiones de salud frente a los grandes negocios (…) Hay una tendencia a que la industria y las administraciones lleguen a acuerdos para promover la salud”.

Un estudio publicado hace días en la American Journal of Preventive Medicine revela que dos de los principales fabricantes de bebidas azucaradas a nivel mundial, Coca-Cola y PepsiCo, financiaron en Estados Unidos a 96 organizaciones que tienen un importante papel en la promoción de hábitos saludables y la lucha contra la obesidad o la diabetes, enfermedades potenciadas por el alto consumo de azúcares. El objetivo era limitar las críticas científicas a los refrescos y restar apoyos a las leyes que limitan su consumo, según el estudio.

En diciembre de 2015 la organización estadounidense sin ánimo de lucro Global Energy Balance Network fue disuelta tras conocerse que estaba financiada por la compañía Coca-Cola. El escándalo llegó a un editorial del diario The New York Times en el que titulaban: "Coca-Cola financia a científicos para que dejen de echar la culpa de la obesidad a las dietas inadecuadas".

En España encontramos también alianzas entre compañías alimentarias instituciones. El plan Havisa (hábitos de vida saludables) es una iniciativa que lleva a cabo el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y que trata de promover una vida sana. Uno de los firmantes de esta campaña gubernamental es la Fundación Alimentum. No es necesario escarbar demasiado para descubrir que esta fundación está compuesta, entre otras, por compañías como Coca-Cola, Pepsi, Grefusa o Hero. “Coca-Cola diciéndonos cuáles son los hábitos de vida saludables que debemos seguir”, se queja Juan Revenga. “Es poner al lobo al cuidado de las ovejas”.


De nuevo, desde la industria, responden: “La relación entre la Administración y las empresas es de cajón. Si quieres hacer una campaña de concienciación necesitas el apoyo de las empresas. Eso no significa, ni mucho menos, que las empresas tutelen estos programas”, explica Puxeu.

Ahora te toca a ti sacar las conclusiones, yo desde luego no tomo azúcar ni refrescos ni productos procesados que lo llevan oculto, solo tienes que mirar las etiquetas y ver si indican jarabe de fructosa o de maíz, ese es el azúcar.

Saludos.


Luis Perona.

domingo, 23 de julio de 2017

Qué son los productos ultra procesados y por qué no hay que comerlos

Os paso un articulo del comidista del diario EL Pais que apareció hace unas semanas, es un poco largo, pero da muchos detalles de porque es tan mala la comida procesada. Espero que os guste.

"Es posible que lo recuerden: durante décadas circuló en las puertas de los colegios de toda España la leyenda de que alguien -no se sabe quien- estaba dando droga a los niños. Su modus operandi variaba según la provincia: en Madrid, por ejemplo, nuestras madres nos alertaban contra las calcomanías impregnadas en una misteriosa sustancia que te regalaban a la salida y te volvía adicto. Un dispendio digno del más maléfico de los carteles que nunca llegó a confirmarse. Lo que sí es cierto es que muchos de aquellos niños se acabaron enganchando, en concreto, a los Bollycaos, Tigretones o Panteras Rosas que sus madres les ofrecían. Las únicas camellas, con perdón, en toda esta historia y la única droga, acaso, que circulaba. Y también, curiosamente, con su pegatina: los famosos Toi entre otros, ¿se acuerdan?

Si en los noventa eran esas calcomanías las que generaban pánico entre los padres, hoy deberían ser los productos ultra procesados. Nuestra generación creció́ entre cromos de Bollycao, sí, pero nunca antes se ha tenido el acceso que se tiene hoy en día al azúcar, las grasas o la sal en cantidades tan desmesuradas, y eso es gracias a esta clase de pseudoalimentos omnipresentes en nuestra vida cotidiana.

¿Qué son los productos ultra procesados?

La diferencia entre comida y ultra procesado es sustancial, y la explica Carlos Ríos, dietista, nutricionista y autor de la web Realfooding: “Estos productos son preparaciones industriales comestibles elaboradas a partir de sustancias derivadas de otros alimentos. Realmente no tienen ningún alimento completo, sino largas listas de ingredientes. Además, estos ingredientes suelen llevar un procesamiento previo como la hidrogenación o fritura de los aceites, la hidrolisis de las proteínas o la refinación y extrusión de harinas o cereales. En su etiquetado es frecuente leer materias primas refinadas (harina, azúcar, aceites vegetales, sal, proteína, etc.) y aditivos (conservantes, colorantes, edulcorantes, potenciadores del sabor, emulsionantes...)".
"En este grupo", prosigue Ríos, "podemos encontrar, desgraciadamente, el 80% de los comestibles que venden en los supermercados: las bebidas azucaradas, precocinados, bollería, carnes procesadas, galletas, lácteos azucarados, postres, dulces, cereales refinados, pizzas, nuggets, barritas energéticas o dietéticas, etc.”. Hay otros productos procesados (sin el ultra) que sí son saludables, porque o no interfieren o mejoran la calidad del alimento: buenos ejemplos serian el aceite de oliva, los quesos artesanos, las conservas de pescado, verduras o legumbres, además de las hortalizas o pescados congelados.


¿Por qué gustan tanto?
“Los ultra procesados están fabricados para promover su máximo consumo y para ello cuentan con características organolépticas de procedencia industrial, que estimulan el apetito de manera intensa. Además, en nuestro entorno abundan por todas partes de manera muy accesibles e irresistibles y la publicidad nos persigue para que los compremos. Cuanto más ultra procesados consumimos, menos comida real está presente en nuestra dieta. Por lo que perdemos calidad por doble partida”, expone Ríos.

¿Realmente son tan insanos?
“La mayoría de estos alimentos contienen al menos una de las siguientes sustancias: sal, grasas poco saludables, azúcar y aditivos, aunque en la mayoría de los casos presentan las cuatro a la vez", explica la también nutricionista Andrea Sorinas. "También es muy común la presencia de harinas refinadas en estos alimentos. Todas estas sustancias no solo nos aportan calorías vacías, sino que son perjudiciales para nuestra salud”.

Si nos fijamos más en sus ingredientes descubriremos que predominan los aditivos, conservantes, estabilizantes, emulsionantes, disolventes, aglutinantes e infladores, edulcorantes y potenciadores sensoriales de color y sabor. “A menudo, para la fabricación de un alimento muy procesado, se elimina una parte muy importante del alimento original. Un ejemplo podría ser el refinamiento de las harinas en el que se elimina el salvado y el germen del cereal, que son partes del alimento indispensables para que este sea saludable”, abunda Sorinas, dietista y nutricionista.

¿Crean adicción?
¿Oyen eso? Son sus arterias pidiendo socorro. Porque este tipo de productos “baratos, cómodos, apetitosos, accesibles y que se conservan durante mucho tiempo”, nos pueden crear un cierto habito o dependencia, afirma Sorinas. El asunto tiene su miga, porque además de contra la publicidad o nuestra pereza, luchamos contra la genética y nuestro cerebro. Un reciente estudio presentado en el marco de las Sesiones Científicas de 2017 de la Sociedad Americana de Nutrición reveló que existe relación entre lo que consumimos y una serie de variantes genéticas.

La investigadora Silvia Berciano es la autora principal de este trabajo, dirigido por José́ María Ordovás, y lo explica así́ a El Comidista: “El estudio confirmó esa hipótesis revelando nuevas asociaciones entre diferentes genes y nutrientes: la variante en el gen del receptor de oxitocina OXTR está asociada con un mayor consumo de chocolate, la variante en CREB1 se asocia a una mayor ingesta de sodio, potasio y magnesio mientras que la variante en FTO, a un menor consumo de fibra y vegetales. Otras variantes en SLC6A2 se relacionan con una mayor ingesta de grasa total y mono insaturada. Y la variante en GABRA2 con un mayor consumo de sodio. Por ultimo, el consumo de azucares añadidos estaría relacionado con la variante en SLC6A5”.

Así́ que lo que solemos decir sobre si uno es más de salado o de dulce tiene su razón científica. ¿Pero la comida, dulce o salada, genera adicción? “Depende de como se defina adicción: si la definimos como una conducta caracterizada por la búsqueda compulsiva de recompensa (placer) a pesar de las consecuencias nocivas que conlleva este comportamiento, es razonable decir que la comida, en efecto, puede generar adicción. Seguramente no en cualquier individuo, sino en individuos con una predisposición genética (más los factores ambientales que hacen que se manifieste la adicción) igual que sucede con otras adicciones”, precisa Berciano. A esto, súmenle los colocones que se pilla el cerebro con los productos ultra procesados. Escuchen: “Lo que genera la sensación de placer al tomar alimentos de palatabilidad alta -aquellos ricos en azúcar, grasa y sal- es la secreción de dopamina, serotonina y distintos canabinoides en respuesta al consumo de estos alimentos, lo que llamamos la respuesta hedónica a la ingesta”.


¿Son los ultra procesados culpables del aumento de la obesidad?
España tiene un índice de obesidad del 17% -17,5% en hombres y 16,5% en mujeres- según los datos de la ultima Encuesta Europea de Salud de 2014. Este estudio se realiza cada cinco anos: vaya usted a saber como estaremos en 2019. Pero el panorama, a tenor de otros análisis más recientes, pinta curvilíneo. Ahí́ va un spoiler: el Estudio Nutricional de la Población Española, que publicó en 2016 la Revista Española de Cardiología, hablaba ya de un 39,3% de españoles que sufrían sobrepeso y un 21,6, obesidad. Es decir, más de la mitad de la población (60,9%) de entre 25 y 64 anos. Y si ponemos el foco en los niños, la cosa no mejora: dos de cada diez niños tienen sobrepeso y uno de cada diez es obeso, tal y como se desprende de la ultima Encuesta Nacional de Salud.


“La comida ultra procesada está detrás de los problemas de obesidad de este país", asegura Javier García, tecnólogo de los alimentos. No solo en los niños, también en los jóvenes. Un joven de 25 anos que se independiza, ¿qué va a comer? Pues ya te lo digo yo: Yatekomo, que es una mezcla de pasta ultra refinada con un potenciador de sabor. Tú llámalo como quieras, pero eso no es comida. ¿Quieres algo rápido? Ábrete una lata de pimientos de piquillo y le pones otra de atún; eso es comida rápida. Pero, claro, la lata de atún y pimientos sumados valen 3,20 euros. Y el Yatekomo algo más de un euro”.

“Se trata”, insiste García, “de concienciarse y comer comida. Por un lado, tenemos la materia prima, que son aquellos productos que vienen directamente de su producción y que llegan al consumidor tras una mínima transformación: la leche fresca, el pescado del mar, las frutas, verduras u hortalizas. Luego hay alimentos que se transforman algo más y que serian los primeros procesados: pasta, pan, aceite de oliva, garbanzos de bote, unos guisantes ultra congelados. Pero la matriz sigue siendo esa materia prima, porque aunque estén procesados no han tocado la base del alimento”.

Pero los ultra procesados no tienen una matriz original. Una galleta no es un alimento. Hay que huir de los refrescos, zumos procesados, bollería industrial... “Esa acumulación de grasas, azucares y sales es insana. Si tú te tomas una tostada de salmón con aguacate y un melocotón, ahí́ también hay grasas y azucares. Pero con un ejercito de nutrientes que compensa, distribuye y gestiona eso. Si te tomas un donuts hay grasa, azúcar y sal y no hay ejercito de nada”, razona nuestro experto.

¿Qué partes de nuestro cuerpo daña el consumo de ultra procesados?
Para pensar en su incidencia sobre la salud hay que volver a retrotraernos a aquellos anos mozos de panteras rosas y batidos de chocolate: bendito páncreas, lo que tuvo que soportar. Y lo que soporta aun hoy, porque no es solo que podamos engordar, es que podemos enfermar. Una bebida energética y un paquete de Donettes, pongamos, le suponen al páncreas unos 200 gramos de azúcar que puede gestionar un día, dos, tres, pero que a la larga y semana tras semana, le acaba volviendo loco. La insulina se dispara “y se crea una alteración a nivel metabólico, lo que se llama diabetes tipo 2. El cuerpo tiene un exceso hepático de grasa. Y esto nos genera colesterol alto porque por el azúcar se accede al colesterol. Y acarrea también problemas de tipo cardiovascular y además como sobra tanta energía pues el cuerpo la acumula en forma de grasa y de ahí́ que la obesidad, la hipertensión cardiovascular y la diabetes del tipo 2 estén tan asociadas a este tipo de productos ultra procesados”, aclara García con contundencia.


No es para tomárselo a broma. Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de defunción en España. Por eso, este truco de la nutricionista Andrea Sorinas es vital: “Hay que centrarse en consumir alimentos sin etiqueta y sin lista de ingredientes, alimentos frescos de primera necesidad como frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, semillas, cereales integrales, huevos, carne y pescado frescos. En caso de llevar ingredientes, un truco muy fácil es evitar todo lo que contenga más de tres ingredientes en su etiqueta”. ¿Fácil, no?

¿Qué medidas se están tomando contra este problema?
Con estos índices de obesidad, cabe preguntarse qué se está haciendo o qué medidas hay en marcha para paliar este problema de salud mundial. Tal vez la solución estaría en gravar las bebidas azucaradas para subvencionar, de alguna forma, la fruta. Preguntamos al Ministerio de Hacienda, pero de momento la aplicación de un impuesto a las bebidas azucaradas está paralizada, según nos confirmaron fuentes de ese gabinete. Y todo ello a pesar de que el Gobierno anunció esta medida en diciembre de 2016, un gravamen que sí está vigente en Cataluña, por ejemplo, donde las latas de refresco cuestan un 7% más que en el resto de España. Y en otros países del mundo. Respecto al tema de la fruta es algo que, ahora mismo, tampoco entra en sus planes.

Y la industria que fabrica estos productos, ¿qué dice?
Descubrimos otro hecho que hace arquear las cejas. Las empresas más importantes que fabrican ultra procesados están adheridas al Plan de Hábitos de Vida Saludables (Havisa) del Ministerio de Sanidad: un plan de comunicación creado para promocionar hábitos de vida saludables en la población española. Allí́ figuran, por ejemplo, compañías como Bimbo (actualmente propietaria de las marcas Donuts y Bollycao), Coca Cola, Gallina Blanca (Yatekomo), Pepsico (Lay ́s), Nestlé, Grefusa o Ferrero (Kinder sorpresa). Esa. Esa misma cara es la que puse yo.

Desde El Comidista tratamos de contactar con todas esas empresas. Pero solo tres - Pepsico, Nestlé y Gallina Blanca- nos contestaron. En el caso de Pepsico –Lay`s, Pepsi, 7 Up o Doritos- destacaron el compromiso de esta compañía “en seguir mejorando su variedad de alimentos y bebidas para satisfacer las cambiantes necesidades de los consumidores mediante la reducción de los niveles de azucares añadidos, grasas saturadas y sodio en su gama de productos”.

Nestlé nos remitió́ a sus 10 Compromisos Nutricionales como “mejorar el perfil nutricional de los productos, ofrecer una información transparente y responsable al consumidor e impulsar programas de educación nutricional y fomentar hábitos de vida saludables”. En el caso de Gallina Blanca, nos contaron que desde 2006 cuentan con la Plataforma Nutrición y Salud de Gallina Blanca. “Un programa de reformulación para reducir el contenido de sal y grasas en las recetas de los productos de esta compañía”.

Fuentes del Ministerio de Sanidad explican, por su parte, que entre los mensajes acordados para su difusión por estas empresas se encuentran: ‘Desayuna todos los días, come más fruta y verdura, camina 30 minutos al día o utiliza las escaleras en lugar del ascensor’. En 2016, añaden, se acordó́ introducir una nueva leyenda: "Se recomienda el consumo moderado de sal, grasas y azucares". “Este nuevo mensaje, igual que el de ‘infórmate: lee la etiqueta de los alimentos y bebida’, pretende concienciar de la importancia de realizar elecciones saludables de los alimentos para conseguir una dieta variada, equilibrada y moderada”.


Aunque reconocen: “La realidad es que nuestra alimentación está siendo poco equilibrada, con bajo consumo de frutas, verduras, y de fibra y un elevado consumo en sal, grasas y azucares añadidos, calorías y con una calidad nutricional cada vez más alejada de nuestra tradicional dieta mediterránea. Estamos abandonando nuestra dieta tradicional y además el sedentarismo está adquiriendo una dimensión cada vez mayor instalado en nuestro trabajo y nuestro ocio. No obstante, la obesidad, al ser un problema multifactorial, necesita un abordaje integral, multidisciplinar y multisectorial: toda la sociedad debe ser consciente de este problema”.

Creo que el mensaje es claro, si el producto que compras tiene etiqueta, léela, y si no entiendes lo que contiene, no lo compres. 

Saludos. 

Luis Perona.

miércoles, 5 de julio de 2017

La mayoría de los europeos multiplica su riesgo de cáncer por beber alcohol

Os dejo un artículo que apareció en EL PAIS ayer, creo que es muy importante tenerlo en cuenta.


"A pesar de los intentos de Europa de atajar el impacto del alcohol en la salud, la cantidad de alcohol consumido en los países de la UE es mayor que el resto del mundo y la incidencia de muchos cánceres digestivos relacionados con el alcohol está en aumento". Con estas palabras de Michael Manns, presidente de la Unión Europea de Gastroenterología (UEG), se resume un grave problema de salud pública menos conocido de lo que debiera: que el consumo de alcohol, incluso moderado, multiplica las opciones de sufrir cáncer. En España, el 15% de los tumores diagnosticados a los hombres tienen relación con el alcohol, frente al 10% de la media europea.


Una simple bebida alcohólica al día ya supone elevar el riesgo de cáncer de esófago. Tomar de dos a cuatro ya se relaciona con siete tipos de cáncer digestivos

Al margen de los 60 tipos de enfermedades asociados a las bebidas alcohólicas, el simple consumo de dos bebidas de este tipo al día aumenta un 21% las opciones de sufrir cáncer colorrectal, entre otros tipos. Pero es que una simple bebida alcohólica al día ya supone elevar el riesgo de cáncer de esófago. Tomar de dos a cuatro ya se relaciona con siete tipos de cáncer digestivos. El abuso de alcohol es responsable de la mitad de los cánceres de hígado de Europa. Y los grandes bebedores, aquellos que superan las cuatro o cinco bebidas diarias, se exponen de forma alarmante a sufrir cáncer de páncreas, uno de los más mortales con apenas cuatro meses y medio de supervivencia tras el diagnóstico. Son algunos de los datos que ofrece un informe publicado por la UEG alertar sobre estos riesgos.


Porque aunque hay una sólida evidencia que sugiere que cuanto más alcohol beba la gente mayor es el riesgo de cáncer digestivo, la conciencia sobre los peligros de beber en Europa es escasa. Y precisamente por eso los expertos de la UEG publican este informe y reclaman una campaña educativa para resaltar el vínculo entre el alcohol y los cánceres digestivos. Por ejemplo, una encuesta reciente mostraba que nueve de cada 10 británicos desconoce que existe relación entre el consumo de alcohol y el cáncer; y uno de cada cinco europeos niega que pueda haber esa conexión.

"Es hora de que Europa cambie su actitud hacia el consumo de alcohol. Los costes sociales y las consecuencias sanitarias del aumento del consumo de alcohol son enormes", asegura Paul Fockens

Sin embargo, la literatura científica liga claramente el alcohol a siete tipos de cáncer, también el de mama en mujeres que toman más de un vaso de vino o de cerveza al día. Por lo general, se entiende que ese vaso es la medida recomendable que no se debe superar en mujeres y dos vasos sería el límite máximo en hombres. Pero ningún consumo es mejor que un consumo ligero, como vuelven a insistir en este informe los expertos de UEG, en el que se denuncia que la región europea es la de mayor consumo de alcohol del mundo, con una media de dos bebidas diarias. España, según ese trabajo, estaría a la cola del consumo, con unos 9 litros de alcohol puro por persona y año, lejos de los líderes europeos, que son Lituania (18), República Checa, Rumanía, Bulgaria y Croacia. No en vano, el riesgo de morir por causas relacionadas con el alcohol es siete veces mayor en Europa del Este que en la zona mediterránea.



"Actualmente, la gente está acostumbrada a zonas libres de humo, por lo que no es inconcebible que lo mismo suceda con el alcohol, reduciendo así la accesibilidad, los niveles de consumo y la incidencia de cáncer digestivo", asegura en el informe Rebecca Fitzgerald, experta en cáncer de esófago del Hospital Addenbrooke de Cambridge. 

Precisamente, la combinación de estas bebidas con el tabaco es la razón fundamental que explica la gran incidencia de cánceres digestivos en Europa del Este. Con todo esto, se prevé que de aquí a 2035 se sufran 135.000 muertes solo en el Reino Unido debidas al alcohol. "Es hora de que Europa cambie su actitud hacia el consumo de alcohol. Los costes sociales y las consecuencias sanitarias del aumento del consumo de alcohol son enormes. Ahora es el momento de tomar medidas positivas y proactivas en beneficio de las generaciones actuales y futuras", reclama Paul Fockens, próximo presidente de UEG.

Ya sabes, si puedes evitar el alcohol hazlo, tu salud te lo agradecerá.

Saludos.

Luis Perona